En la actualidad nuestro País se enfrenta a un importante problema: sus ciudadanos no tienen una cultura de seguros arraigada lo que a su vez significa que – sin tener conciencia – están arriesgando su patrimonio todos los días.
Un claro ejemplo de esto, es que en el conocimiento popular se cree que el SOAT ampara todos los riesgos de los automóviles, cuando en realidad solo ampara los siniestros ocurridos en accidentes de tránsito que afectan personas. El SOAT no le ampara el arreglo de su vehículo.
Por ello debemos adquirir una cultura de seguros fuerte, fundada en la educación que permita avanzar hacia una protección del patrimonio personal como Estados Unidos, país desarrollado en donde se asegura prácticamente todo; la vida, el estudio, el vehículo, el hogar y lo que allí reposa.
Así, si ocurre un siniestro como un hurto, la persona o en este caso el asegurado no ve afectado su patrimonio, si no que está respaldado y cuenta con la tranquilidad que su seguro le responderá.

Ello permite ahorrar dinero, sabiendo que estos recursos no tendrán que gastarse en el momento menos esperado, porque cuenta con el seguro apropiado. Esta simple decisión permite que los Estadounidenses cuenten con un mayor poder adquisitivo frente al resto del continente, excepto Canadá.
No somos Eternos, no volveremos a nacer y lo único que tenemos seguro como seres humanos es la muerte, por esto es que nuestra historia como humanidad ha demostrado que tener protegido el patrimonio del fallecido es una de las principales maneras de aliviar o por lo menos de no incrementar las preocupaciones de sus dolientes.
Por ello surge la necesidad de adquirir un seguro de vida que en caso de ocurrido el siniestro que es la muerte, la aseguradora protegerá el dolor de los allegados. Para decirlo de manera directa: adquiriendo un seguro de vida se asegura lo único que está seguro.
El siniestro – que es la ocurrencia del hecho dañoso sobre el cual recae el interés de asegurar – depende enteramente del azar, esto significa que no se considera siniestro lo que ocurra por voluntad del tomador del seguro o de sus beneficiarios, ni tampoco se cubre aquel interés que sea ilícito; un ejemplo claro de ambos factores es que si una persona sale en su automóvil con intención de asesinar personas, el seguro no protegerá su patrimonio.
Previas estas aclaraciones, es esencial generar una cultura de seguros que proteja su patrimonio. Una clase de “ahorro” inmaterial.
Y como dice el adagio popular “es mejor tenerlo y no necesitarlo, que necesitarlo y tenerlo”.
Diego Javier Velásquez Vargas.
Estudiante de Derecho Universidad Militar, Bogotá, Colombia.
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