EDITORIAL
Según Fasecolda el SOAT está en cuidados intensivos.
Señala el gremio de los aseguradores que “la alta accidentalidad y el fraude al SOAT han generado una crisis en el seguro” y que, “del parque automotor colombiano que a hoy registra 17.6 millones de vehículos, 10.5 millones son motocicletas… … siendo el que mayor cantidad de víctimas registra…”
Agrega el gremio que “…de cada $100 pesos de prima que se recibe por el SOAT de una moto se pagan $174 en siniestros. Además, las compañías de seguros detectaron cobros irregulares al seguro por cerca de $456.000 millones que se denunciaron ante las autoridades competentes”
Y cuando el ciudadano del común pensaría que frente al hecho “…87% de los accidentes de tránsito con lesionados, hay una motocicleta involucrada”, la solución es subir el valor de las primas de seguros a este actor vial como consecuencia lógica del riesgo (a mayor riesgo mayor costo de prima) Fasecolda guarda preocupante silencio, no proponiendo al gobierno nacional el incremento del valor del seguro a quienes realmente causan la gran mayoría de los accidentes.
Hoy se escuchó en los medios nuevas voces, algunas del sector asegurador que proponen “cobrar obligatoriamente el SOAT a todo vehículo automotor” – así este no se utilice o este fuera de servicio – propuesta que en la legislatura anterior fue retirada por lo ilógica de la misma.
Pretender que un propietario de automóvil que no lo use, por la razón que fuere, deba pagar el SOAT desborda la lógica. Este seguro está diseñado para atender accidentes en los que se ve involucrado un automotor y ello solo se da cuando el mismo está en movimiento.

Es tal vez la hora en que todos los actores viales que conducen vehículos se hagan responsables de sus conductas. No puede haber territorios vedados como los son hoy los ciclistas y los moto taxistas, y los motociclistas (tarifas muy laxas) bajo el argumento de sus limitadas capacidades económicas, cuando son ellos los que más producen los accidentes.
El cobrar primas bajas a quienes producen los accidentes – y de paso gran parte del desorden urbano – solo es incentivar el desorden, la accidentabilidad y la mortalidad.
EL EDITOR.
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